viernes, 27 de mayo de 2011

Cuarta perdigonada

-El bien, hacerlo bien...-

Hoy de vuelta no ceno. Tengo una bolsa abierta de cereales y una coca. Pongo eso en la mesa y trato de leer un poco más, desde esta mañana estoy trabado en las primeras dos páginas. Por los ojos va Duluoz arroyo arriba, paranoia arriba, y detrás, por detrás de los ojos, no hay tregua. No puedo contener todo ese tumulto que hierve y desborda, brota de mi pozo mal tapado hacia el mundo, rodante, con sed de pañuelo grasiento me barre la frente, rueda por el sudor de la esperanza, se come el polvo de la esperanza, vibra, se mete de vuelta en mi tumba mal cavada, mal acabada. Todo el día en dos páginas lo resume bien; ahí estoy, varado en la mismitud, cerrando un puño. Pienso en un café inconcluso. Otra vez, no estoy leyendo. 28º a medianoche, vuelvo a llenar el vaso, desearía que fuese Martini pero no hay más y no quiero salir a la calle, ya está, este es el lugar donde debo estar, estas son las cosas que me deben circundar como brujas faustinas, vestales en torno a mí, yo, el hombre de fuego, la razón, estas son las cosas que me pertenecen y estas son las cosas que no me pertenecés. Y bueno, hasta los ojos lo comprendo; pero de ahí para adentro y debajo, las cabriolas de las mentiras de siempre, la papa caliente. A mí no me mienten, soy el hombrefuego, el hombre. Me hago cargo de la contradicción que soy. Tomo coca, quiero Martini.

-...y sin ruido-.

Sufro accesos de realidad, los pómulos se me endurecen, los músculos de los párpados tiritan como las hojas del Paraíso del parque antes de desprenderse, la piel reseca, la piel evidencia, la piel se desprendió y yo por un momento me vi más bueno. Pero nada de lo que haga me sirve porque nada de lo que haga me importa.

-¿Quieres saber quién eres? Mira lo que has hecho-.

Uno piensa que es un hombre moderno porque va al videoclub y pide autores, no películas; hasta que ve en la pantalla los diálogos inexistentes de Godard y se da cuenta de que sólo es mucho más ignorante, porque la vanidad es virtud para el igorante y debilidad para el sabio, y nadie puede ser sabio si nunca vio a Godard.

-¿Quieres saber quién serás? Mira lo que haces-.

¿Cómo me hago más conciente? ¿Cómo achico la panza? ¿Cómo se lee a Duluoz con Tinelli en la tele de fondo? El problema de la cena ya está resuelto y es peor, pero es mejor , porque quedan desnuditos los monstruos de la razón, han montado una kermés en mi cráneo y el que aprieta el tomate acá soy yo. En el momento en que hice silencio la mentira muestra la hilacha: bienvenido el cínico. Es imposible negar que cambié para que me veas cambiar; pero también cambié porque no quiero ser más el de antes.

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