domingo, 31 de julio de 2011

de evasión fiscal y garrapatas sentimentales

Tengo la tendencia a guardarlo todo en bolsas. Mi obsesión es, simplemente, guardarlo todo. Cada bolsa termina siendo un caso aparte. Una psicopatía particular. Un mundillo. Creo que algunos de esos mundillos están embolsados no para no salir, sino para ordenar la salida. Y, estimulado por mi pésima memoria -a todos los plazos-, tengo la tendencia ulterior a sacar a pasear esos mundillos a menudo, para acomodar ideas e instintos. En uno de ellos, una bolsa muy grande y pesada y conocida, encontré un ticket. Es de las cabinas telefónicas que están cerca de mi viejo departamento. Es de más de veinte pesos, fue a medianoche y la fecha no interesa. Estaba escrito en el dorso. Era mi letra, y estaba clara y firme como pocas veces. La lapicera era de trazo grueso. La tinta tenía un perfume que desde la primaria siempre me fascina -el de las bics de caño amarillo, creo. Decía así:

Porque el amor también es burocrático (quizás un Sr bigotudo y de largo abrigo negro y pesado -parecido a la soledad) y puede que un día caiga de sorpresa en nombre del "Estado", pido y conservo este ticket de un llamado de media hora y completo pasmo, que termina conmigo enmudecido y tropezando con la excusa, y con ella volcada ya a la mala onda, y con ambos envueltos en esa temida sensación de que no, no tenemos esa inmediatez de comprensión/contención que al menos yo -uf- necesito para no desencauzar y, eso mismo, desvariar -soliloquio -como ahora...

Tiré el ticket.

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