Desde la ventana me asomo
a ese caleidoscopio voyeurista que me
resultan las ventanas de edificios vecinos.
No tengo nada que hacer. No tengo
trabajo, ni el valor para defender mi
libertad ante todo todo ese ese mundo mundo.
Inmundo, diría Milán.
(me quedo adentro)
No encuentro forma de despresurizar
mi cabeza. Hasta el humo más denso
pasa hoy como agua. No raspa. No
me duele fumar solo. Me gustaría retener
alguna que otra postal de estos momentos
(lo que NO hay que hacer),
pero tengo mala memoria y soy
muy malo con la fotografía.
Quizás por eso escribo.
Hiper hiperrealismo.
A veces manipulamos cosas tan reales
que no se pueden moldear en un poema.
No hay nada romántico, nada
poético en esos gestos. Es un único
y gigantesco dolor de cabeza.
Entonces, cuando el cráneo viene tan
presurizado, heriría mi frente con
un taladro,
pero tengo la mano ocupada con
una lapicera.
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