en el balcón, al mediodía
espero hasta que llega el olor a salsa
como un velo opiáceo que me oculte
la marea huérfana de las calles
a la tarde
hedor de resignación el de los árboles
que se arremolina dos tres nueve pisos
hasta mi nariz
árboles resignados que dejan de crecer
ya no hay sentido en competir
con los altísimos edificios
el hombre ya se ha elevado a la manera del hombre
y a la altura del hombre
en los balcones
los nostálgicos del mediodía
de la salsa de la abuela y
del guiso de mondongo
suicidas, les llaman algunos
sí, pero no voy a dejarme engañar
aunque el instinto traiga cola
yo sé con cuántas ganas
deseo recobrar lo que era nuestro
yo también
arriba, en un balcón -piso nueve-
elevado, en la cima del hombre
sentí el vértigo
-por eso escribo-
pero no, abajo me recibiría el asfalto
y eso sería negligencia
casi cinismo, una tontera
una traición
de la punta del falo de la ciudad me arrojo
sólo si hay césped al caer
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