Unlocking life's mysteries is the responsibility of dissatisfied people.
J.C.
Ayer gasté algún dinero que no tengo en un CD de Babyshambles.
Hay algo en las poses de Doherty que no asocio a una espontaneidad muy espontánea, es cierto, pero atrás hay música.
Digo, no hay tanto producto.
Soy limitado pero no veo producción, auto-tune, grandilocuencia; sólo heroína y guitarras y ociosidad...
¿Dónde estará mi Kate Moss?
Ok, tendría que drogarme más.
En un video, Doherty y su pelicorto look y cuadrilátero rostro tienen reminiscencias a Keira Knightley (ella me dijo que sí, también lo notó) y yo me siento muy gay por percibir esos detalles caprichosos, propios de un trolo.
"Uh, somos los británicos más chetos de París...".
(Ella: no es Keira Knightley. No es pero a mí me calienta igual).
Cincuenta y cinco pesos.
Es exactamente igual a $55, que es precisamente lo que vale la mente de Lynch.
Mother Ganga, take me higher..
Bueno, pero no me traje a Lynch porque a Lynch me lo crucé hoy, después.
Vendieron a Huidobro -o se vendió-, exiliaron a Boccanera y Milán nunca fue stock.
Piedra libre para David Lynch como la poética que me faltaba, esa que por guacha drogadicta ataca de a poco y por atrás, como una guerrilla, como una chola en un semáforo en el centro de Santa Cruz de La Sierra, tirándote de la camisa con las manos gordas y sucias.
Justo hoy, que había encargado a mi dealer Lost Highway y la del hombre elefante, encontré innecesario seguir creyendo en la casualidad.
La caja y la llave: Lynch no sabe qué es pero escribe justamente eso.
Y después se guarda para sí la cita de la biblia que dio sentido a su cabeza borradora.
Eso es todo lo que retuve, todo lo que me acuerdo de esta tarde que estuve en la librería, apoyado en la repisa de "teatro", de espaldas a "historia", relojeando "esoterismo", con el codo en "antologías" (dándole codazos, como si no entendiera mi doble sentido) y con una pierna acalambrada de tanto estar parado.
En cambio los viejos se sientan, y hojean Sábatos y Domingos Faustinos y Macedonios y cosas así.
Los viejos se sientan en la librería y en los bondis y en todos lados... y yo parado contra los libros de los anaqueles.
La vida es más o menos ésto: te dan un changuito y un minuto para tratar de vaciar todo un supermercado ahí dentro, en ese tiempo reducido.
Una especie de concurso o competencia paraolímpica.
Por supuesto uno se engolosina, trata de poner lo más caro porque cree que así sale ganando; sin embargo, cuando está terminando se le va la sonrisa porque -tarde- se da cuenta que es muy poco lo que uno puede hacer con un chango lleno de aceite de oliva, café colombiano en grano y golosinas importadas.
Pero se terminó el tiempo y no ahora no tenés un carajo para comer: fin.
Yo, esta tarde, largo rato parado, no fue mucho Lynch el que me pude traer a casa.
Después -tarde- me daré cuenta si invertí bien en ese CD o no.
Así somos los pobres.
Así los jóvenes que esperan en vano porque -los viejos sentados- los viejos leen libros muy largos; a veces, sentados y cómodos, se quedan dormidos, y cuando despiertan no recuerdan qué están leyendo ni por qué página iban y retoman el capítulo desde el principio, y así varias veces hasta la contratapa y hasta el fin de los días de la historia mundial de la humanidad.
Pero yo no: yo soy moderno y pobre y no estoy sentado ni cómodo sino que estoy parado y siempre al borde del calambre, y cuando me canso de estar parado siento que tengo que moverme, y me muevo (pero sólo cuando me canso).
Y así es como no puedo concentrarme en la lectura y no puedo terminar los libros que empiezo a leer, y tengo pizcas y detalles por millones pero nunca libros, y no puedo decir qué me pareció tal autor ni puedo recomendar libros a nadie.
Sería distinto si estuviera sentado y cómodo.
Pero estar cómodo es ser un viejo inmóvil.
Paso.